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viernes, 27 de marzo de 2020

PLAN DE RECUPERACIÓN GRADO OCTAVO, PRIMER PERIODO

HOLA.

Ahí les hago entrega de unas lecturas para que las realice y con base a ellas, elabore los talleres que cada una de ellas le ofrecen.


LECTURA UNO. (Revista Semana, junio 2 de 2018)
Alerta por xenofobia en contra de los venezolanos en Colombia.

Las acciones van desde negarse a rentarles vivienda hasta lanzarles bombas molotov o amenazarlos de muerte. Los casos no son aislados y las autoridades adelantan campañas para evitar que gestos de rechazo estallen en violencia.
Hace unos días un audio empezó a circular en Subachoque, Cundinamarca. Se trataba de una voz robótica que le decía a los venezolanos que residen en el pueblo: “Este es un ultimátum para los venezolanos. Tienen dos semanas para retirarse (…) Daremos muerte a cada uno de los que se encuentren en Subachoque, trabajen o no, roben o no. No los queremos más, fuera de aquí”. El mensaje se produjo después de que un hombre venezolano asesinó a su pareja por infidelidad y luego se suicidó.
Este mensaje xenófobo no ha sido el único en el territorio nacional. Un estudio de El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) sobre lo que hablan los colombianos en redes sociales con respecto a los venezolanos encontró que en muchas ocasiones son mensajes de odio, rechazo y temor hacia los extranjeros. En un estudio en el que se analizaron más de 14.000 conceptos, Acnur encontró que en las conversaciones se generalizan e invisibiliza el drama que vive el pueblo venezolano que llega al país. Además, la investigación reveló que un porcentaje importante de los colombianos asocia la llegada de extranjeros con el aumento en el desempleo, la criminalidad, la prostitución y la venta de estupefacientes.
Desde finales de 2017 y en lo que va de corrido del año en Cúcuta y en Arauca, donde hay un gran número de venezolanos, han circulado panfletos que amenazan con quitarle la vida a los venezolanos que estén delinquiendo. Los grupos que estarían detrás de este plan serían el ELN, el Grupo de Limpieza Social Araucano y la banda criminal Los Urabeños. Si bien no se ha podido verificar la veracidad de los hechos, ya es bastante grave que alguien se tome el trabajo de hacer un cartel para promover el miedo. La Policía y la Fiscalía están averiguando quiénes están detrás de estos hechos, pero no han tenido éxito. 
Más grave que lo anterior, es que las amenazas no se han quedado en palabras. En Cúcuta el pasado 23 de enero hubo un ataque con bombas molotov contra un grupo de venezolanos que ocupaban el Coliseo del barrio Sevilla en el norte de esa ciudad. Aunque los artefactos no hirieron a nadie, este hecho ya deja ver brotes de xenofobia que hay en esa ciudad. Ese mismo lunes también hubo una marcha masiva de cucuteños que se quejaban de la llegada masiva de los venezolanos.
Entendida la xenofobia como el odio, el recelo, la hostilidad y el rechazo hacia los extranjeros, es evidente que hay expresiones con menor intensidad que ya se volvieron comunes y que van desde las agresiones que reciben cada día los vendedores informales hasta la negación a rentarles un inmueble o emplearlos por ser venezolanos. A este contexto se le suma también el cubrimiento de los medios que en algunas ocasiones genera temor e incertidumbre, el vínculo que se hace con criminalidad y nacionalidad, y con la asociación de la llegada de venezolanos con la pérdida del trabajo y oportunidades para los colombianos.
Lo que se pierde de vista con todas estas expresiones de odio es que detrás está un drama humano. Muchos de los venezolanos que llegan al país no vienen voluntariamente, sino que se han visto obligados a huir del país por la situación económica, social y política de Venezuela. Así lo ha manifestado en varias ocasiones el director general de Migración Colombia, Christian Krüger. En este momento en ese país escasean los alimentos, las medicinas y el servicio de salud. Pero además muchos han sido perseguidos por el gobierno del presidente Nicolás Maduro.
Migración Colombia publicó un comunicado en el que expresó su preocupación ante las amenazas que vienen circulando en redes sociales en contra de los ciudadanos venezolanos que se encuentran dentro del territorio colombiano e hizo un llamado a la tolerancia.
 “Soy licenciada con PEP (Permiso Especial de Permanencia) y mis papeles apostillados y certificados. He buscado trabajo pero me han humillado y denigrado. Vine para ofrecerle un mejor futuro mis dos hijos, tuve que dejar atrás a mi familia sabiendo que mi padre está enfermo y que quizá no lo vuelva a ver y tener que lidiar con la xenofobia... A veces cuando me preguntan si soy venezolana me dan ganas de decir que no, aunque me le duela el alma”, dijo una inmigrante.
Si la situación para ella, que es una ciudadana regular, es difícil para los irregulares es peor. El gobierno venezolano ha denunciado que algunos de sus ciudadanos son víctimas de maltrato laboral, de acoso sexual, de tráfico de menores a la trata de personas e incluso de reclutamiento forzado por grupos armados.
Las autoridades, encabezadas por el presidente Juan Manuel Santos, han hecho un llamado a la sociedad a no sucumbir a los mensajes de odio contra los venezolanos y a recordar que en el pasado fueron ellos los que tendieron la mano: “Les pido a todos los colombianos que evitemos la xenofobia, las actitudes hostiles contra los venezolanos”, dijo el mandatario colombiano.
Desde Acnur, la oficial de información Rocío Castañeda se hizo un llamado a no generalizar y a no relacionar la nacionalidad de alguien con la criminalidad: “Miremos nuestra propia historia. Nosotros sabemos lo que significa ser colombiano en el extranjero y ser estigmatizados de narcos y delincuentes por unos pocos que han hecho las cosas mal. No caigamos en eso, no generalicemos y recordemos lo que hizo Venezuela por Colombia hace unos años”.
Según cifras oficiales del gobierno venezolano, desde 1950, ese país se convirtió en el principal receptor de colombianos. En los años 70, el boom petrolero venezolano generó un aumento del 250 por ciento en los ingresos fiscales y hubo un aumento de la mano de obra colombiana allí. En los 80, los carteles del narcotráfico causaron la salida varios colombianos hacia Venezuela, y en 2002, el problema del desplazamiento forzado también lo asumió el pueblo venezolano que recibió a cientos de colombianos. Las cifras oficiales registran que 2,5 millones de colombianos cruzaron la frontera en busca de mejores oportunidades. Por eso, Venezuela creó el V Plan de la Nación, cuyo objetivo fue regularizar a los indocumentados.
Colombia nunca había sido un país de inmigrantes, sino todo lo contrario, no existe un camino claro a seguir con respecto a la situación. Sin embargo, el gobierno está trabajando en medidas para proteger los derechos de los extranjeros que están llegando al país. Desde la Alcaldía de Cúcuta, por ejemplo, se están promoviendo programas de generación de empleo, inversiones sociales y acompañamientos a organismos nacionales e internacionales que ven con preocupación lo que pasa en esta zona de frontera. También se ha gestionado el aumento del pie de fuerza para evitar hechos delictivos en la ciudad.
Migración Colombia también visita a las empresas para sancionar a aquellas que empleen irregularmente extranjeros y los exploten laboralmente. Hasta el 26 de abril, esta entidad hizo 61.381 verificaciones a personas naturales y 2.089 a personas jurídicas, de las cuales 101 ya han sido sancionadas con multas de entre 1 y 5.000 salarios mínimos.
Pero el paso quizá más importante ha sido el proceso de registro de los venezolanos irregulares. Hasta el 8 de junio ellos podrán acercarse a alguno de los 753 puntos de registro que se dispusieron en las Personerías y Alcaldías de 188 municipios del país. Aunque eso no cambiará la condición en la que están en el país, con la información que recojan el paso a seguir será diseñar una política pública que responda a sus necesidades. Según las últimas cifras entregadas hay cerca de 800.000 venezolanos en el país entre regulares e irregulares. Al menos 500.000 tienen la intención de quedarse.
Por el momento, los venezolanos tienen tres formas para estar en el país: La visa de trabajo o estudio, el Permiso Especial de Permanencia (PEP) y la Tarjeta de Movilidad Fronteriza. El problema es que para acceder a ellas deben tener pasaporte apostillado y la gran mayoría no cumple con el requisito, entre otras razones, porque el gobierno venezolano dejó de expedir los pasaportes, por el dinero que significa para ellos y porque llegan al país a través de lugares fronterizos donde no hay control de ingreso a Colombia.
Ahora bien, aunque el Estado colombiano tiene el deber de ayudar a esta población de inmigrantes muchas veces se queda corto en la atención de las necesidades de los propios colombianos y es por esto que se generan tensiones entre una y otra población. Expertos consultados por SEMANA aseguran que por eso es necesario que la ayuda que se le da al inmigrante también beneficie a la comunidad de colombianos que los recibe.
La migración es un fenómeno social que no hay que verlo de un solo lado. La sociedad colombiana en su mayoría se ha mostrado solidaria, pero tanto ellos como las Alcaldías y gobernaciones de los departamentos de frontera han pedido ayuda al gobierno nacional desde hace tiempo porque la llegada masiva de extranjeros los ha impactado por ser los principales receptores. No es mentira que tengan que afrontar colapsos de la salud, que las calles estén llenas de personas deambulando buscando algo para el sustento de su familia, que las pocas plazas de empleo están en disputa y que se hayan aumentado los asentamientos humanos en condiciones de extrema pobreza y tensión social.
Es probable que si la población colombiana está en mejores condiciones y tiene garantizados sus derechos, será más solidaria con los extranjeros que después del triunfo de Maduro seguramente seguirán llegando.

De acuerdo a la LECTURA UNO, responda las siguientes preguntas:
1.       Para qué época muchos colombianos se fueron a vivir a Venezuela y por qué razón?
2.       Qué es lo que no es mentira en relación con la cantidad de migrantes que llegan al país?
3.       Qué entidad a nivel nacional se encarga de verificar la migración llegada al país y qué entidades en los municipios registran a los migrantes?
4.       Qué documento le entregan las autoridades colombianas para que un venezolano se pueda quedar viviendo legalmente en el país?
5.       Qué entidad de la ONU, se encarga de ayudar a los migrantes o quienes se convierten en refugiados en otro país (no la sigla).
6.       En qué municipio de Colombia se iniciaron actos de xenofobia contra los venezolanos y esos actos se iniciaron por qué razón?
De acuerdo al siguiente escrito, responde las siguientes preguntas.
https://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/venezolanos-la-migracion-mas-grande-en-la-historia-del-pais-72872

1. Cuáles son los tres momentos de la migración venezolana?
2. Fuera de Colombia, cuáles son los dos países del mundo donde llega más migración venezolana?
3. Qué región de Colombia es donde más habitan venezolanos?
4. Por qué los colombianos no deben ESTIGMATIZAR  a los venezolanos o extranjeros que llegan a vivir al país?
5. Qué están haciendo muchos venezolanos que llegan al país sin recursos?
NOTA: Dicha lectura es de 2016, en la actualidad los venezolanos en Colombia ya sobrepasan el millón de personas.


LECTURA DOS.

Las heridas del racismo: Efectos psicosociales de la discriminación racial en las personas afrodescendientes en América Latina


La racialización, deshumanización y esclavización de la población africana durante el proceso de colonización europea en América, sentó las bases de la discriminación racial contra las personas afrodescendientes que persiste hasta la actualidad. Pese a la existencia de la narrativa del mestizaje que desconoce e invisibiliza la experiencia concreta, desigual y vulnerada de las personas afrodescendientes, estas siguen siendo víctimas de discriminación racial, la cual ha encontrado formas cada vez más sutiles e imperceptibles a través de las cuales realizarse. Este hecho no es inofensivo, el racismo tiene efectos psicosociales para quien lo vive, pero ¿cuáles son esos efectos del racismo? ¿Cómo reaccionan las personas afrodescendientes ante el racismo? ¿Cómo enfrentan la discriminación racial? Ante esta problemática se propone esta investigación para la cual se consultó a través de la técnica del cuestionario electrónico a cien personas afrodescendientes de América Latina, sometiendo posteriormente sus testimonios al método del análisis crítico del discurso.

El proceso de colonización europea en América sentó las bases para la emergencia del racismo. Contrario a los imaginarios transmitidos y difundidos en las diferentes etapas del proceso histórico social, el racismo no es una causa sino una consecuencia de los intereses económicos expansionistas y expoliatorios de los colonos europeos, quienes instalaron la diferenciación, racialización e inferiorización de los sujetos con una función social específica: justificar el proceso de invasión europea en América, justificar el genocidio indígena como respuesta a la resistencia ejercida, y justificar el secuestro según Reid Andrews (2004) de entre 5 y 10 millones de africanos entre los siglos dieciséis y diecinueve, para su sometimiento y esclavización como mano de obra gratuita en los territorios invadidos y expoliados. Es decir, los pueblos originarios de América y África fueron diferenciados, convertidos en otredades, considerados inferiores, salvajes, amenazadores, para justificar su dominio y explotación.
No obstante, Según Pineda (2017) posterior al proceso de abolición de la esclavitud el racismo en los Estados Unidos se caracterizó por su manifestación explícita y segregacionista; mientras que en América Latina el racismo cobró un carácter simbólico. Este racismo simbólico latinoamericano se concreta en una narrativa europea colonizada que despoja de capacidades éticas, intelectuales, morales, relacionales y organizativas a los sujetos previamente racializados.  Este pensamiento se instaló en el imaginario colectivo,  ha sido transmitido y reproducido transgeneracionalmente a través de los distintos agentes de socialización, se manifiesta en diferentes ámbitos de acción e interacción social, y de acuerdo al Banco Mundial (2018) con base a los datos censales más recientes de 16 países, afecta a más de 133 millones de afrodescendientes que hacen vida en América, es decir, cerca del 24 por ciento de la población latinoamericana total. Pero esta presencia de los afrodescendientes en América Latina como bien lo señala el informe Afrodescendientes en América Latina. Hacia un marco de inclusión, es altamente desigual, más del 91 por ciento están concentrados en Brasil y Venezuela y un 7 por ciento adicional en Colombia, Cuba, Ecuador y México, además:
Los afrodescendientes están representados de manera desproporcionada entre los pobres. En Brasil, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Uruguay combinados, los afrodescendientes representan el 38 por ciento de la población total, pero constituyen alrededor de la mitad de las personas que viven en pobreza extrema. También tienen menos años de educación y son víctimas del crimen y la violencia con mayor frecuencia. A pesar de su creciente visibilidad, aún están asombrosamente subrepresentados en las posiciones de toma de decisiones, tanto en el sector privado como en el público. Asimismo, tienen menores oportunidades de movilidad social, en tanto que son 2.5 veces más propensos a vivir en condiciones de pobreza crónica. (Banco Mundial, 2018, p. 14).
No obstante, pese a los altos índices de presencia de la población afrodescendiente en América Latina, la región se caracteriza por ser históricamente racista y endorracista, donde además, existe una tendencia muy arraigada a negar la existencia de la discriminación racial, a reproducir la narrativa del mestizaje, de la diversidad étnica, pero sobre todo, de la armonía racial. Según Dulitzky (2000) en la región latinoamericana se resalta con pomposidad la existencia de supuestas “democracias raciales”, y la vivencia de la experiencia étnica en el contexto de los “crisoles de raza” y en “armonías raciales”. Este hecho contribuye a invisibilizar y diluir en el imaginario colectivo las desigualdades y formas de discriminación fundamentadas en la pertenencia étnica, pero también por supuesto, sus efectos.
Aunque algunos países latinoamericanos se ha reconocido constitucionalmente a la población afrolatinoamericana, se ha intentado contabilizar su población a través de la incorporación de variables étnicas en los censos de población, y en algunos se ha intentado prevenir, atender y sancionar las múltiples formas de discriminación contra ellos cometidos a través de la tipificación del delito de discriminación racial y la creación de unidades para su atención; en la vida cotidiana de América Latina poco se habla del racismo, y cuando se hace, esto despierta grandes oleadas de polémica. El enardecimiento y la indignación de aquellos que de manera vehemente niegan la existencia del racismo y, la condena una vez más al ostracismo de aquellos que osaron a denunciarlo, que se atrevió a evocar los “fantasmas del pasado”. Esta situación ha favorecido la sistemática invisibilización de los efectos psicosociales del racismo pues, el tema no forma parte de la narrativa de quienes han sido victimizados por su racialidad, como tampoco forma parte de la producción académica en el ámbito de la discriminación racial.

Los antecedentes de la psicología del racismo

En 1897 fue el sociólogo William Edward Burghardt Du Bois quien puso en discusión la psicología del racismo cuando en el texto Strivings of the Negro People cuestionó: “¿Cómo se siente ser un problema? … Uno nunca siente su dualidad, —un estadounidense, un negro; dos almas, dos pensamientos, dos luchas irreconciliables; dos ideales beligerantes en un cuerpo oscuro, al cual le previene desgarrarse solamente su terca fuerza…”. Sobre este aspecto volvería nuevamente en 1903 al afirmar “esta sensación de vernos a nosotros mismos siempre a través de los ojos de otras personas, de medir nuestras almas con la vara de un mundo que nos contempla con divertido desprecio y lastima” (Du Bois en Young, 2000, p. 104); sin embargo, nunca dedicaría una obra completa a este asunto, concentrándose por el contrario en las inequidades de la educación, la justicia y el tema hasta entonces tabú del matrimonio interracial pues, como el mismo afirmase: “Mi intención era introducir el método científico en la sociología estudiando las condiciones de vida de mi propio grupo. Quería estudiar los hechos, todos aquellos hechos referentes a los negros americanos y sus problemas y dificultades” (Du Bouis en Macionis & Plummer, 2007, p. 277).
Uno de los pocos trabajos sobre los efectos del racismo de los que se tiene referencia es el texto denominado La marca de la opresión: exploraciones en la personalidad del negro estadounidense, publicado en 1951 por los psicoanalistas Abraham Kardiner y Lionel Ovesey. En este texto afirmaban que la experiencia de la opresión y segregación racial han dejado “cicatrices psicológicas” destructivas en el afroamericano, por lo cual sus personalidades se muestran profundamente perturbadas, con múltiples manifestaciones de la psicopatología que se encuentran en individuos neuróticos, así como, hostilidad contra los blancos y contra su propio grupo. Esta situación se presenta con independencia de la pertenencia de clase de los sujetos; al respecto los autores afirmaron categóricamente que los conflictos dominantes del afroamericano provienen de su situación racial y que los de clase son secundarios, hecho que evidenciaron en el estudio realizado con veinticinco afroamericanos de clases bajas y altas que vivían en la ciudad de Nueva York.
En el año 2005 las teorías sobre los efectos psicológicos de la esclavitud en la población afroamericana cobraron relevancia con la publicación del texto Síndrome de Esclavo Postraumático: Legado Americano de Lesión y Sanación Duraderas, de Joy DeGruy. En este libro su autora afirma que los africanos y sus descendientes sufren del síndrome esclavo post-traumático como consecuencia de la opresión multigeneracional experimentada durante siglos de esclavitud. Este síndrome se manifiesta en:
·         Un desarrollo insuficiente de la estima primaria, junto con sentimientos de desesperanza, depresión y una perspectiva autodestructiva general.
·         Una marcada propensión a la ira y la violencia.
·         Sentimientos extremos de sospecha. Violencia contra uno mismo, los bienes y otros, incluidos los miembros del propio grupo, es decir, amigos, parientes o conocidos.
·         Una socialización racista y (racismo internalizado).
·         Incapacidad aprendida, privación de la alfabetización, auto concepto distorsionado, antipatía o aversión por: a) Los miembros de su propio grupo cultural o étnico. b) Las costumbres de quienes se identifican con un determinado patrimonio cultural o étnico. c) Las características físicas de su propio grupo étnico.
No obstante, si bien es cierto que la discriminación racial al igual que otras formas de discriminación, desigualdad y violencia genera efectos en quienes las experimentan, considerar que las afectaciones psicoemocionales que padecen los afrodescendientes son una consecuencia psicogenética heredada de sus predecesores esclavizados, contribuiría a reproducir y legitimar los argumentos biologicistas y deterministas sobre los cuales históricamente se fundamentó el racismo.
La subjetividad de los afrodescendientes no es un problema genético, su condición psicoemocional es el resultado de un entramado sociocultural que los somete en los diferentes procesos e interacciones de su vida cotidiana a múltiples y repetidas formas de estereotipación, prejuicios, discriminación, violencia y desigualdad. Los afrodescendientes no tienen reminiscencias psicológicas de los traumas y experiencias vividas por sus predecesores esclavizados, afirmar esto sería legitimar la idea de que el racismo en la actualidad ha desaparecido, por lo cual no existen motivaciones contemporáneas capaces de generar los referidos efectos; pero además de ello, esta teoría contribuye a desproveer al racismo de su carácter social, para inscribirlo de manera exclusiva en la dimensión psicológica de la víctimas, al afirmar que estos poseen problemas que no han podido sanar, es decir, para patologizarlo.

TALLER DOS (Lectura dos).
1.       Qué tipo de consecuencias tuvo el racismo en América hecho por los europeos?
2.       Qué dice William Edward Burghardt Du Bois sobre la dualidad?
3.       Qué tipo de “cicatrices psicológicas” ha dejado el racismo entre los afroamericanos’
4.       Qué tipo de estereotipación sufren los afrodescendientes?
5.       Cuáles son los síntomas del síndrome esclavo post-traumático?
NOTA:
Dicho taller será resuelto en hojas de block tamaño carta, escrito con lapicero negro, con márgenes de dos centímetros por todos los lados. Debe llevar PORTADA. Entregar máximo el 27 de marzo. Luego de entregado, debe presentar una prueba verbal sobre la lectura.

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