HOLA.
LAS TEMÁTICAS DE CÁTEDRA, LAS CUALES SERÁN EVALUADAS EN UNA SOLA PRUEBA ESCRITA.
CÁTEDRA DE LA PAZ.
GRADO
UNDÉCIMO
CONCEPCIÓN
HISTÓRICA DE LAS CIENCIAS SOCIALES.
Al comprender la realidad social como un complejo entramado de hechos
interrelacionados, sea directa o indirectamente, el cientista requiere de un
amplio bagaje de conceptos, definiciones, explicaciones e interpretaciones que
solo pueden ser hallados en un cuerpo teórico sólido y coherente. Y es bueno
aclarar que en las ciencias sociales no hay una teoría única, sino que existe
una variedad de ellas, cada una inscrita o adscrita a una corriente ideológica,
entendida esta última como una interpretación crítica o acrítica de la
realidad, conforme a los intereses que represente.
La teoría puede ser definida como un conjunto de conocimientos
sistematizados conceptualmente, es decir, una serie de conocimientos relativos
a determinado campo que se organizan y pretenden explicar e interpretar la
realidad sobre la cual trabajan. También es una construcción intelectual,
producto del trabajo racional a partir de una realidad concreta, y surge (o
debería hacerlo) de un sistema de hipótesis sometidas a verificación. Por
tanto, se identifica un vínculo indisoluble entre ambas, pues, como elemento
constitutivo del quehacer científico, la teoría surge de la realidad, y vuelve
a ella para transformarla, en un proceso continuo y dinámico.
En nuestro medio es frecuente una falacia con referencia a los
transmisores de teoría: suele llamárselos teóricos, sin tomar en cuenta que
teórico es quien construye los sistemas propositivos a partir de la reflexión
que surge de la cotidianidad, constituyendo la fase superior de todo proceso
investigativo y reflexivo. Lo que vemos en nuestro medio son difusores de
construcciones ajenas, o, a lo sumo, retóricos de la teoría que transmiten lo
elaborado por otros. Esto, sin embargo, no debe ser tomado como algo negativo,
ya que para toda ciencia son necesarios los diseminadores del conocimiento, ya
sea en forma oral o escrita, y en esta instancia los aquí denominados retóricos
de la teoría tienen una importancia capital.
En este punto también cabe hacer una distinción importante: la teoría
para las ciencias en general debe estar escrita para ser tal. Sin embargo, no
todo lo escrito es teoría. Tenemos por caso una novela, que siendo un relato
rico en descripciones, no tiene por propósito explicar la multiplicidad de
relaciones que pueden presentarse en su desarrollo. Por el contrario, existen
varias investigaciones que, efectuando comentarios valorativos respecto a tales
o cuales fenómenos no aportan nada nuevo en lo concerniente a la explicación de
tales fenómenos o comportamientos, con lo cual se alejan, muy a pesar suyo, de
efectuar un aporte teórico.
La teoría, entonces, puede definirse además como el producto racional
que contiene una explicación para determinado fenómeno o problemática en el
campo social, y de la cual pueden originarse soluciones con sentido práctico.
Empero, la teoría, al constituir un nivel superior de tratamiento racional de
cualquier fenómeno, requiere para su buen desarrollo de elementos descriptivos,
que tienen directa relación con lo observado empíricamente. Sobre el punto, las
secciones correspondientes a la recopilación de datos permitirán comprender
esto.
Los conceptos, por otra parte, son las herramientas racionales que
permiten un análisis crítico, preciso y coherente del objeto de estudio. Sin
conceptos claros no existe una buena interpretación. Son, por lo tanto,
indispensables para la teoría que se construye en las ciencias sociales.
Además, se debe tomar en cuenta que, como señala Ely Chinoy (1960: 22) “...Los
conceptos son un elemento esencial en la teoría, pero no son idénticos a ésta.
La teoría consiste en un cuerpo de proporciones lógicamente conectadas sobre
las relaciones existentes entre variables, esto es, conceptos”. Al margen de lo
anotado, los conceptos deben ser comprendidos en primer lugar, para luego
interpretarlos y aplicarlos en un contexto determinado. La alteración de este
orden puede ocasionar resultados nada halagadores. Por ello, la concentración y
la superación constante son una premisa para obtener resultados cuando menos
aceptables.
En un trabajo académico muy difícilmente se podría proponer una teoría,
e incluso la construcción y operatividad de un concepto nuevo, dadas las
limitaciones en que el profesional y el estudiante promedio se desenvuelven.
Mario Bunge (1993: 178) advierte al respecto: “En las ciencias sociales hay
tendencia a dignificar con el nombre de teoría a cualquier montón de opiniones, por desconectadas que estén y por
infundadas que sean. Casi siempre se trata de meros marcos teóricos o de
doctrinas”. De esta forma, Bunge aclara que por muy interesante que se presente
tal o cual enunciado, debe tomarse en cuenta que éste, incluso articulado a
otros, no constituye necesariamente una teoría que explique un fenómeno.
Un elemento adicional que interviene en la construcción de toda teoría
y, más concretamente, en el proceso de interpretación de la realidad lo
constituyen las categorías. Dicho de un modo sencillo, categoría es todo
conjunto de cosas, personas o fenómenos con características similares. En la
investigación puede definírsela como el concepto aplicado o personalizado (si
vale el término). Pongamos por caso un tema de investigación que trate sobre el
niño de la calle. El concepto básico será niño, en tanto que las diferentes categorías que se
concatenen a él serán niño abandonado, niño abusado, niño empujado a la violencia, entre otras. Los diferentes enunciados implican características comunes
para los diferentes grupos sociales que se desea estudiar.
La teoría es útil en cuanto permite una modificación positiva de la
situación real. Fuera de eso, es mera especulación o pedantería que aspira ser
intelectualidad. Tanto la teoría como los conceptos tienen un papel importante
en la adquisición, revisión y construcción del conocimiento científico en el
campo social. Sin embargo, su uso está limitado a las herramientas cognitivas
de que disponga el investigador social. Con tales aclaraciones, se explicará
brevemente las características, alcances y limitaciones del método y la metodología.
LOS DEFENSORES DE DERECHOS HUMANOS.
Desde
el afortunado acuerdo de paz con la Farc, los enemigos de esa paz no han cesado
sus ataques, los políticos a través de sus comentarios guerreristas y los
grupos de extrema derecha, de extrema izquierda y los residuales de las Farc
que no se desmovilizaron, han emprendido desde 2016 cuando se firma la paz,
actos violentos con los cuales quieren intimidar a los desmovilizados, ya que
muchos de los desmovilizados siendo los mayores responsables de dichos ataques,
en primer lugar sus antiguos compañeros de lucha que no se desmovilizaron, en
segundo lugar los integrantes del Clan del Golfo. Esa muerte selectiva en
contra de aquellos desmovilizados, se le suma ahora el problema de seguridad
que afrontan aquellos líderes campesinos y campesinos que no quisieron seguir
sembrando mata de coca y aceptaron el llamado del gobierno para que hiciesen la
sustitución de cultivos. De la muerte de esos campesinos, son muchos los
posibles culpables, pero se tienen como principales autores a los grupos de
narcotraficantes, los paramilitares, los integrantes del Eln, de los caparrapos
y los disidentes de las Farc. En los siguientes artículos, he extraído alguna
parte de la problemática que vive Colombia, especialmente en zonas del Bajo
Cauca antioqueño, el departamento del Cauca, del Chocó y de Nariño, y la zona
del Catatumbo donde tienen presencia regiones de los llanos orientales y de los
santanderes y del César.
Los
invito a que lean a conciencia los escritos y de su cuenta, escudriñen otros
textos para que se den cuenta que ustedes por ahora tienen la fortuna de vivir
en una zona donde la violencia no es tan inmisericorde, y excepto por la
presencia de estructuras del microtráfico, la región no tiene en el momento
presencia paramilitar ni guerrillera.
2020: un líder asesinado por día
En solo 17 días han asesinado cerca de 15 líderes. Más allá del debate
sobre quién es un líder social, el Gobierno debe parar esta masacre. ¿Podrá
hacerlo?
Solo en el
primer día del año los líderes sociales tuvieron una tregua. Pero el 2 de enero
volvió a comenzar la oleada de asesinatos que no cesa desde la firma de la paz
con la Farc. Ese día, Carlos Cardona celebraba con algunos amigos en Ituango,
Antioquia, cuando un desconocido se le acercó y le disparó. Cardona tenía 40
años, un hijo y lo acababan de nombrar subgerente del hospital de ese
municipio. Su nombre aparece de primero en la lista de Indepaz, que ha registrado
21 líderes asesinados en lo poco que va de 2020. El Gobierno
dice que hay 11 muertos, y prepara medidas.
La caravana
de la muerte: los misteriosos asesinatos en moto que azotan Putumayo.
¿Hay 7
millones de líderes sociales en Colombia?
Oleada de
violencia en Puerto Guzmán: Tres asesinatos y un intento de homicidio en menos
de dos días.
Puerto
Guzmán, en Putumayo, demuestra la gravedad de lo que está sucediendo. El 7 de
enero asesinaron a Gloria Ocampo, una lideresa de amplio reconocimiento en su
comunidad, secretaria de la junta de la vereda La Estrella y excandidata al
Concejo. Ella, además, representaba a su comunidad en el programa de
sustitución voluntaria de cultivos de uso ilícito (PNIS). Al día siguiente,
según Recsur, una red que investiga la violencia en el sur del país, cuatro hombres
en dos motos hicieron un recorrido macabro. Pasaron por tres viviendas, en las
que tocaron puerta a puerta. En las dos primeras casas mataron a dos hombres que
eran miembros de juntas. Al tercero, un líder del municipio, no lo encontraron
porque alcanzó a advertir lo que le venía y huyó. Ese mismo
día, en otras veredas, asesinaron a otras dos personas. Y el jueves pasado
asesinaron a Yordan Tovar directivo de un sindicato campesino.
Indepaz ha
registrado el asesinato de 21 líderes en 2020 (datos de enero), mientras que
para el Gobierno son 11. La ONU cuenta alrededor de 15.
En
septiembre pasado apareció en Putumayo un grupo de decenas de hombres armados
que se hacen llamar “LA MAFIA SINALOA”. Al parecer esa estructura ha comprado
los servicios de hombres que habían pertenecido a grupos guerrilleros o
paramilitares, y negocia cocaína con los carteles mexicanos. Entraron tras
declararle la guerra al frente Carolina Ramírez, disidencia de las Farc que
dominaba el narcotráfico. Según el más reciente monitoreo de Naciones Unidas,
ese departamento, con 26.400 hectáreas, es el tercero con más coca sembrada. Allí, con
una institucionalidad débil, cualquier líder que encarne una alternativa
distinta a la ilegalidad se convierte en un blanco fácil de estos criminales.
La reciente
oleada de violencia ya acaparó la atención internacional. Esta semana, la
Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos
se declaró profundamente preocupada, a la par que entregó la cifra
oficial de 107 líderes asesinados en 2019, a los que podrían sumar 13 casos en
verificación. La Defensoría del Pueblo reporta 118 asesinatos
en ese periodo, y 15 en estudio. Mientras tanto, el diario londinense The
Guardian calificó a Colombia como “la nación más sangrienta” contra los
defensores de derechos humanos. El prestigioso medio recogió un informe de
Front Line Defenders. Este indica que de cada tres activistas asesinados
durante 2019 en todo el mundo, uno de ellos era colombiano. El país superó de
lejos a Filipinas y Honduras, los siguientes en la infame lista.
Los muertos
La mayoría
de los líderes asesinados en lo que va del año pertenecían a juntas de acción
comunal. Dos de ellos coordinaban procesos de sustitución de cultivos ilícitos
y varios eran indígenas, entre ellos una sabedora y médica tradicional del
pueblo nasa. Hay una lista preliminar de 21 muertos, pero aún faltan
verificaciones en curso, pues los números varían dependiendo de la fuente. La ministra
del Interior, Nancy Patricia Gutiérrez (ya no es ministra del interior), tiene
reporte de 11 asesinatos en lo que va del año, a partir de información de la
Policía. En enero de 2018 y 2019 el Gobierno registró la muerte de 11. Es decir,
los mismos que reportan este año en solo la mitad del mes. Según el criterio de
conteo de la ONU, podrían ser 15.
La
diferencia en los distintos registros se debe a un viejo debate: ¿A quién
considerar líder social? Por ejemplo, es común que la mayoría de los habitantes
de una vereda estén afiliados a una junta de acción comunal. En
todo el país, 7 millones de personas hacen parte de esas organizaciones, y eso
no significa que todos sean líderes. Por eso hay diferencias como que, para la
Defensoría, desde la firma del acuerdo de paz han matado alrededor de 555,
mientras que para Indepaz son casi 750. Pero con una cifra o la otra, el
panorama es aterrador. Y el hecho de que tantas de las víctimas hagan parte de
las juntas muestra que los criminales buscan debilitar los procesos asociativos
locales. Estos, en muchos territorios, son los únicos que valientemente le
pueden plantar algún tipo de resistencia a la ilegalidad.
La ONU
marca alerta por incremento de asesinatos a líderes sociales.
En lo que
va del año, al menos la mitad de ellos murieron asesinados en Putumayo y Cauca,
lo que demuestra que los líderes sufren el fuego cruzado en zonas donde
los criminales se disputan el control de las rentas a sangre y fuego.
En el primer departamento, la mafia Sinaloa pretende desplazar a las ya
establecidas disidencias. En el otro, las disidencias comandadas por el
despiadado Mayimbú aterrorizan a la gente, en medio de su guerra con el ELN y
un reducto de los Pelusos. En esa disputa han atacado a los indígenas que intentan
preservar la autoridad en sus territorios. Además de estos dos departamentos,
Nariño y Antioquia tienen la mayor cantidad de líderes asesinados en los años
pasados. Allí padecen situaciones similares: varias estructuras disputan el
narcotráfico y la minería ilegal.
En esencia,
esta máquina de muerte ataca principalmente a quienes promueven la sustitución
de cultivos, a quienes coordinan procesos de restitución de tierras y a los
grupos étnicos que ejercen el control en los territorios. Según la Fiscalía,
los principales asesinos de los líderes son, en ese orden, la delincuencia
común, el Clan del Golfo y las disidencias de la Farc. El ente investigador, en
un importante avance, ha podido establecer responsabilidades e hipótesis de los
crímenes de líderes en más de la mitad de los casos. Recientemente
ha llamado la atención que los grupos convirtieron a las mujeres en un blanco
más regular. En 2018 mataron a 12 lideresas y en 2019 a 19, según la
Defensoría. En enero ya van cuatro.
En Nariño
se encuentran muchas comunidades confinadas por enfrentamientos armados y
amenazas.
En el
fondo, la violencia contra los líderes sociales poco ha cambiado en los últimos
tres años, tras la firma del acuerdo de paz. Pero el comienzo de 2020 es uno de
los peores periodos. Y eso puede tener mucho que ver con la llegada de los
nuevos mandatarios locales, a quienes los criminales pretenden notificar del
poder que ejercen. “Los actores violentos aprovechan el cambio
de administraciones locales y departamentales para enviar un mensaje de poder”,
dijo Carlos Negret, defensor del pueblo. Urge cortar esta
racha.
Las
soluciones
La oleada
de asesinatos de líderes lleva más de tres años incontenibles. Ese hecho deja
en claro que las medidas tomadas han resultado insuficientes. Y esto pasa por
varias razones. “Aquí ha faltado articulación entre las
entidades nacionales y locales. Los mandatarios departamentales y municipales
tienen que incorporar en su plan de desarrollo políticas de protección a los
líderes sociales. Hasta ahora, se han desentendido de esos
crímenes, sobre todo en políticas de prevención”, dijo el procurador Fernando
Carrillo. En ese sentido, la llegada de los nuevos gobernadores y alcaldes es
una buena oportunidad para que el Gobierno nacional promueva una política
pública en materia de defensa de líderes que se implemente desde lo local.
Justamente
en agosto pasado, los representantes de líderes presentaron una propuesta de
política al Comité Nacional de Garantías de Seguridad, donde están el Gobierno,
la fuerza pública y otros entes. Para el procurador Fernando Carrillo, ese es
el planteamiento más completo que ha visto en esa materia. Incluye
figuras para proteger a las personas que participan de la sustitución de
cultivos, el desarrollo de estrategias contra la estigmatización y los
discursos de odio, y la investigación penal en el contexto de los patrones de
los asesinatos.
Para
Negret, la estigmatización de los líderes, a quienes señalan por sus labores
sociales, sigue impulsando los ataques. Mientras tanto, para Camilo González,
director de Indepaz, “en los territorios más críticos ha sido muy lenta la
llegada social del Estado. El problema del Gobierno es que insiste en una
política de guerra en esos territorios, y no en una política de paz”. González
señala el siempre diagnosticado problema de fondo: la necesidad de acompañar
las respuestas policiales y militares con alternativas sociales y económicas en
las regiones más azotadas por los violentos.
Líderes:
sigue la tragedia.
El año
pasado hubo ocho asesinatos de líderes menos que en 2018, y eso muestra que el
Gobierno no ha descuidado el tema. La ministra Gutiérrez reconoce la complejidad del
problema, derivada del control que ejercen los ilegales en zonas donde hay
dificultades para la presencia institucional por razones como la topografía y
la falta de recursos para el desarrollo. “La situación
debe abordarse desde una perspectiva multiagencial, pues requiere de la
participación de diversos sectores. Es por esto, que desde el comienzo del
gobierno se puso en marcha el Plan de Acción Oportuna, para la protección de
líderes sociales, comunales, defensores de derechos humanos y periodistas. Esto
con el objetivo de convocar a la institucionalidad nacional y local a estos
territorios, escuchar de los líderes su situación y revisar las acciones de las
autoridades para garantizar el bienestar de la población y proteger el
ejercicio del liderazgo en estas zonas”, dijo.
Preocupado
por lo que está pasando, esta semana el Gobierno activó un grupo élite
integrado por funcionarios de la Fiscalía y de Naciones Unidas para investigar
cada uno de los asesinatos de líderes ocurridos en lo que va del año.
Duque
reitera su idea de erradicar de nuevo con glifosato y Estados Unidos ofrece
US$5.000 millones de dólares de inversión.
Bojayá ofrece
el ejemplo de la eterna espiral de violencia en la que parecen atrapados los
pobladores de muchas regiones. Y Leyner Palacios muestra cómo esas comunidades
resisten a la barbarie. Aunque perdió 32 personas allegadas en la matanza
perpetrada por las Farc en 2002, él regresó a su pueblo y, como representante
de las víctimas, se convirtió en un líder reconocido a nivel mundial. Apenas
comenzaba el año cuando le llegó una amenaza en la que lo sentenciaban a muerte
si no se iba del municipio en menos de 24 horas. Hoy, Bojayá padece la
presencia del ELN y del Clan del Golfo, y Palacios lo ha denunciado. Ahora él ha
tenido que irse, y la verdadera tragedia consiste en que, sin sus líderes, las
comunidades más vulneradas quedan aún más desprotegidas.
El
columnista CARLOS CAMARGO ASSIS en su escrito “Todos unidos en defensa de la
vida”. Ofrece unas reflexiones importantes sobre la temática abordada por la
Revista Semana en su edición del 18 de enero de 2020. Veamos sus opiniones al
respecto:
El asesinato sistemático de los líderes sociales estremece a
Colombia y a la comunidad internacional. 2020 comenzó con una escalada de
muertes en las regiones, que exigen la acción contundente del Estado y la
masiva movilización ciudadana para repudiar este fenómeno delincuencial.
La Federación Nacional de Departamentos, FND, ha dado un paso
adelante en la tarea convocando junto con la Procuraduría General de la Nación,
la Defensoría del Pueblo y el Ministerio del Interior, a los 32 secretarios de
gobierno departamentales a una jornada de capacitación para escucharlos,
sensibilizarlos y darles herramientas para afrontar esta tragedia que impacta
negativamente la confianza en la democracia.
En la sede de la FND, con la presencia de los representantes en
Colombia de Naciones Unidas y de la Organización de Estados Iberoamericanos, se
abordarán cuatro temas esenciales para entender y afrontar la grave situación
que afecta a los territorios y arrasa los liderazgos sociales: protección a la
vida, diálogo social, alertas tempranas y elaboración de la política pública de
protección.
El objetivo del evento es avanzar para que en los planes de
desarrollo departamentales el tema ocupe un lugar privilegiado, con objetivos
claros y metas medibles, presupuesto y acciones concretas, siempre en
concordancia con lo ordenado por el Plan Nacional de Desarrollo y la
normatividad existente. Es urgente aprender las lecciones aprendidas en
regiones marcadas por la violencia, como en los 11 municipios del Catatumbo,
Norte de Santander, en donde el presupuesto dirigido a prevención y protección
no superó el 1 por ciento del total de recursos dirigidos a la protección
de potenciales víctimas.
El Procurador General de la Nación, Fernando Carrillo Flórez, ha
reiterado la obligatoriedad que tienen los mandatarios territoriales de incluir
en los planes de desarrollo este asunto. Sin duda, más allá de las acciones que
emprenda el Gobierno Nacional, los alcaldes y gobernadores deben tener una
enorme capacidad de liderazgo en la garantía de la vida. Así lo entendieron los
mandatarios del período pasado, así lo harán los gobernadores actuales.
La estrategia humanitaria del Procurador Carrillo se ha
caracterizado por una acción preventiva permanente en los territorios, trabajando
de la mano de las organizaciones sociales, abriéndoles la puerta del Ministerio
Público, escuchándolos en sus reclamos de garantías a sus derechos y exigiendo
acciones de los responsables. Tiene mucho por mostrar a los nuevos
funcionarios.
La FND ha acompañado al Ministerio Público en las convocatorias de
las Mesas por la Vida, que han acercado a las organizaciones sociales, el
Estado y la comunidad internacional, propiciando soluciones a la problemática.
Precisamente, en la Mesa por la Vida de Apartadó, el Presidente de la
República, Iván Duque, firmó el Pacto por la Vida, en donde se comprometió a
elaborar una política pública de protección a las personas defensoras de
derechos humanos. El país sabe que el Jefe del Estado esta honrado su palabra y
ha puesto el tema como un asunto prioritario de su mandato.
La Ministra del Interior, Nancy Patricia Gutiérrez, lidera el diseño
de ese trascendental documento, cuyos lineamientos presentó el Presidente Duque
en Cartagena, el pasado 10 de diciembre. El próximo martes 28 de enero, en el
segundo día del encuentro con secretarios de Gobierno, se realizará,
precisamente, un taller para avanzar en el diseño de ese instrumento de
política pública, que deberá ser firmado en el primer semestre de 2020, con el
aval de los gobernadores y alcaldes, y el de todos los actores políticos y
sociales. La defensa de la vida debe unirnos, no dividirnos. Salvar vidas es un
mandato ético en un país enfermo tras 52 años de guerra fratricida, en donde la
disputa por el poder territorial no da tregua y se exige la presencia del
Estado en toda la geografía.
Un elemento esencial en la protección de la vida es, además, el
Sistema Nacional de Alertas Tempranas que dirige la Defensoría del Pueblo,
cuyas advertencias deben ser de obligatoria observancia por los mandatarios
territoriales. El Defensor del Pueblo, Carlos Negret, trabaja para que el tema,
igualmente, se incorpore a los planes de desarrollo departamentales. Atender
las alertas tempranas es una enorme responsabilidad de los funcionarios
regionales.
En la pasada Mesa por la Vida de Cartagena, celebrada el pasado 9 de
diciembre, una de las conclusiones después de una larga jornada de reflexión a
muchas voces, fue, precisamente, incluir en los planes de desarrollo
departamentales y municipales las muchas iniciativas para detener el desangre.
Con evento, finalmente, estamos demostrando que trabajar unidos por la defensa
de la vida no es un simple eslogan, sino un mandato ético que cumplimos para
bien de la democracia.
LA CARAVANA
DE LA MUERTE: los misteriosos asesinos en moto que azotan
Putumayo
Artículo de Revista Semana.
Hombres en moto se mueven como fantasmas por las carreteras de Puerto
Guzmán, Putumayo. Tocan a las puertas, llaman a las personas por su nombre y
las asesinan. En tres semanas van al menos 6 muertos, otros han podido escapar.
¿Por qué nadie detiene a los matones?
La caravana de la muerte atraviesa al anochecer las trochas de Puerto
Guzmán Putumayo. Nadie conoce a los asesinos, pero ellos se mueven como si esa
tierra les perteneciera. Se bajan de sus motos, tocan las puertas y llaman a
sus víctimas con nombre propio. Se trata de líderes sociales o de campesinos
que abandonaron el cultivo de la cosa. Cuando el sentenciado sale a atenderlos,
los motoristas disparan sin decir una palabra. Luego vuelven a la carretera, y
siguen su camino mortal. Así ya van al menos seis muertos en tres semanas.
Otros pocos pudieron escapar por entre el monte para contar su historia.
2020: un líder asesinado por día
ONU marca alerta por incremento de asesinatos a líderes sociales
Dos de esas motos le pasaron frente a Arturo Tovar a las 5:30 de la tarde
del 8 de enero. Su nombre aparecía en la lista de los que tenían
que morir. El campesino estaba en la tienda de víveres que montó
en su finca de la vereda Buena Esperanza, cuando escuchó el ruido de los
motores. Milena Galeano, la esposa de Arturo, estaba en la cocina y por la
ventana alcanzó a ver a los extraños que venían subiendo por la carretera
destapada. No reconoció el rostro de ninguno de los tres aunque lo llevaban
descubierto. Al otro no le pudo ver la cara porque tenía un casco. Este hombre
inquietó a Milena cuando señaló la casa, como diciéndoles a sus cómplices “aquí
es”.
Pero no pararon. Las motos desaparecieron en la carretera. Arturo
cerró la tienda, y los esposos se juntaron con sus dos hijos sin darle atención
especial al episodio.
Diez minutos después, los desconocidos llegaron al
sitio en el que la carretera se bifurca y tomaron la dirección hacia la vereda Caño
Sábalo. Eran más o menos las seis cuando se detuvieron frente a la modesta casa
en la que vivía un hombre callado, de esos que, dicen quienes lo conocieron,
rara vez se toman un trago y nunca causan alboroto. Un
campesino inscrito en el programa de sustitución de cultivos ilícitos y
afiliado a la junta de su vereda. Los extraños gritaron su
nombre: Óscar Quintero. Pero su esposa salió a atender. Desprevenida, les dijo
que él estaba en el potrero encerrando el ganado, muy cerca del lugar. Los hombres
se fueron a buscarlo. Óscar corrió unos 50 metros, luego sonaron los tiros y
cayó sobre el pasto. Su esposa, desde la casa, lo vio todo.
La caravana volvió a la carretera sin prisa. Se
devolvieron hasta el punto donde se divide la vía y tomaron el otro camino, el
que conduce a la vereda Los Mangos. En Puerto Guzmán ya empezaba a oscurecer.
Sobre las 6:30, las motos se detuvieron de nuevo. Esta vez en la casa de Gentil
Hernández, un jornalero que cortaba tablas para ganarse el sustento. Al igual
que Óscar, estaba inscrito en la junta de su vereda y había erradicado la coca
de su finca en el programa de sustitución de cultivos ilícitos.
Los desconocidos tocaron en la casa, donde funcionaba una pequeña
tienda, y la esposa de Gentil atendió. Le pidieron unas cervezas, y la mujer se
fue a la cocina a buscarlas. Mientras tanto, llamaron por el nombre a Gentil
Hernández, que estaba viendo televisión junto a su hija. El campesino se asomó
por una ventana y recibió el primer tiro en la mano. Luego lo remataron.
Esta crisis parece tener su origen en la llegada de
una alianza criminal autodenominada “Mafia Sinaloa”
Para ese momento, Arturo
Tovar ya había olvidado el episodio de las motos extrañas que pasaron por su
casa. El hombre había tenido un día duro, al fumigar un potrero junto a su hijo
de 15 años. Solo les había faltado rociar un pedazo del terrero porque les ganó el
cansancio. Arturo le dijo a su muchacho que terminarían al otro día. La tarea
quedaría pendiente para siempre. Los desconocidos habían
retomado la carretera, de nuevo hacia la casa de esa familia.
Puerto Guzmán parece vivir la continuación de una amenaza que comenzó en
la madrugada del 13 de septiembre de 2019. Ese día, decenas de hombres armados
entraron al pueblo en camionetas y asesinaron a tres personas en la vereda La
Perla. Luego reunieron a los pobladores, se identificaron como la mafia Sinaloa
y dijeron que habían llegado para quedarse. Según las alertas de la
Defensoría del Pueblo, este grupo resultó una mezcla perversa: miembros de la
banda criminal LA CONSTRU, disidentes de los frentes 32 y 49 de las Farc, y
grupos residuales de la desmovilización paramilitar. Estos
habrían llegado a disputar el control del narcotráfico con las disidencias de
los frentes 1 y 48, que se habrían aliado para enfrentar a la mafia bajo el
nombre Frente Carolina Ramírez.
Denuncian tres asesinatos e incursión de decenas de hombres armados en
Putumayo
La violencia desatada no solo afecta a Puerto Guzmán, sino a todo
Putumayo. En el tercer departamento con más coca sembrada, según la ONU, hay
muchas zonas a las que la fuerza pública no se atreve a entrar. Putumayo es
territorio estratégico porque conecta con las fronteras de Perú y Ecuador, y
está en medio de un corredor que une llanos, la Amazonia y el Pacífico. Las
armas, la droga, todo puede moverse por un entramado de grandes ríos como el
Caquetá y el Putumayo.
“Ahí viene bajando esa gente”, le dijo Milena a Arturo
cuando volvieron a escuchar las motos que, esta vez, sí se detuvieron frente a
su casa de tablas y zinc. “Buenas”, dijeron los desconocidos más o menos a las
siete de la noche. Milena, con un mal presentimiento, dijo que ella los
atendía. Dejó la loza a un lado, se secó las manos y salió a la puerta. Apenas
asomó medio cuerpo para contestar: “Buenas, a la orden”.
“¿Usted me puede prestar una llave número 10?”, le preguntó uno de ellos
sin bajarse de la moto, y agregó que tenían problemas mecánicos. “No tengo,
pregunte donde el vecino”, contestó ella. Entonces el desconocido insistió en
que le facilitara al menos un alicate. “No, señor, no tengo”, dijo Milena y
cerró la puerta. La mujer se quedó espiándolos por las brechas de las tablas.
Un hombre alto, gordo, moreno y con la cara marcada por el acné se
acercó a la casa. “Salga, Arturo, que necesitamos hablar con usted”,
dijo. En ese momento, sin que el desconocido lo advirtiera, Milena descubrió
que llevaba una pistola. Corrió a rogarle a su esposo que
por nada del mundo fuera a salir. Pero Arturo pensó que si se quedaba adentro,
podrían tirarles una granada y matar a toda su familia. Entonces se puso las
botas, se encintó el machete y agarró una escopeta de fisto que solía usar para
espantar los zorros lejos de sus gallinas, o a los pájaros que acechaban a los
peces de su pozo.
Milena hizo que sus hijos se arrodillaran con ella y se pusieron a
rezar. Arturo apagó las luces interiores y dejó encendidas las de la fachada.
Montó la escopeta, un arma hechiza a la que apenas le cabe un tiro, y que
muchas veces no funcionaba. Salió sigiloso por la puerta trasera.
Arturo Tovar y Milena Galeano se conocieron en los noventa en Caquetá,
de donde la guerra los sacó corriendo hacia Ecuador. Estuvieron allá hasta que,
en 2012, compraron la finca en Puerto Guzmán. Les gustó porque quedaba junto a
una carretera y una escuela, en donde podían estudiar sus hijos. Con los años,
Arturo se convirtió en un vocero importante de la comunidad, tanto que lo
eligieron para representar a un núcleo de 14 veredas. Desde ahí
lideraba proyectos para desplazados y también la sustitución de la coca. El año
pasado denunció irregularidades en contratos de la alcaldía, y recibió algunas
amenazas. Sin embargo, es difícil creer que ese hecho
puntual haya desatado este recorrido de la muerte que no solo lo incluía a él.
Arturo pensó que si se quedaba adentro, podrían tirarles una granada y
matar a toda su familia. Entonces se puso sus botas, se encintó el machete y
agarró una escopeta de fisto que solía usar para espantar los zorros lejos de
sus gallinas.
Arturo apenas había dado unos pasos al salir por la puerta trasera
cuando se encontró de frente con uno de los matones que pretendía rodear la
casa. Era un hombre, a ojo, de unos 20 años. Mediano, de tez clara y con
mechones de pelo pintados de dorado. Arturo le apuntó con la escopeta en el
pecho y, mirándolo a los ojos, le preguntó: “¿Qué necesita?”. El
desconocido arrancó a correr hacia donde estaban sus secuaces. Arturo volvió a
entrar a su casa, trancó la puerta con un hierro y se asomó por una ventana,
con la escopeta cargada.
La familia Tovar escuchó el ruido de las motos que se
alejaban, pero sabían que el peligro no había cesado. Arturo llamó a la
Policía, para que interceptaran las motos en el sector de Santa Lucía, un paso
obligado para salir de esa vereda. Pero los uniformados le contestaron que eso
era zona roja y que no tenían permiso para ir. Entonces se atrincheró en su
casa.
Había pasado media hora cuando la familia volvió a escuchar una moto que
se acercaba hasta detenerse frente a la casa. Dos hombres se bajaron y tocaron
la puerta. Arturo se alistó para enfrentarlos, pero cuando se asomó, los
reconoció. Eran dos vecinos de la vereda Los Mangos que querían comprarle
velas. Entonces le contaron que cuatro hombres acababan de asesinar a Gentil
Hernández, y que la viuda estaba nerviosa y quería velarlo.
Arturo supo de inmediato que quienes mataron a su vecino ahora vendrían
por él. Luego pensó en Gentil, un viejo conocido, que solía parar en su tienda
a conversar, mientras las hijas de los dos hombres jugaban alrededor. Los
vecinos se fueron con sus velas y Arturo recibió una llamada. Era la Policía. Le
advirtieron que se encerrara en su casa porque cuatro hombres acababan de matar
a Óscar Quintero, a quien Arturo también conocía. Entonces
supo que tenían que huir esa misma noche.
La familia empacó sus pertenencias entre sábanas amarradas. Luego de
varias llamadas, consiguieron que el Ejército llegara a sacarlos de allí. Se
fueron en un camión rodeados de soldados. Atrás dejaron una finca de 51
hectáreas con vacas, gallinas, un caballo y un pozo con 700 alevinos de cachama
y tilapia. El producto del trabajo duro de ocho años.
En las primeras conversaciones, cuando aún estaban huyendo, la familia
pensaba que solo Arturo tenía que irse. Pero él, al salir de la vereda, pudo
conectarse a internet, y se enteró de que dos días antes habían asesinado a
Gloria Ocampo, una lideresa que él solía encontrarse en las reuniones de Acción
Comunal. “También están matando a las mujeres”, pensó, “tenemos que irnos
todos”.
Lo de Gloria Ocampo, una líder de sustitución de cultivos y excandidata
al Concejo de Puerto Guzmán, fue muy parecido. Cuando empezaba a anochecer, el
6 de enero, una moto –o tal vez más- paró frente a su casa. Fernando, su
esposo, estaba acostado viendo televisión junto a su hija de 10 años. Gloria
acababa de bañarse y se secaba el pelo, sentada al borde de la cama. La mujer
salió a ver quién había llegado. Fernando lo escuchó todo desde la habitación:
“¿Usted es la señora Gloría?”, preguntó un hombre. Ella respondió que sí y
luego gritó: “Dios mío, Fernando, Fernando”. Su esposo se paró de un salto y
agarró su vieja escopeta. Afuera sonaron tres disparos. Fernando agarró a su
hija, que quería correr hacia su madre, y como pudo disparó hacia la calle.
Luego escuchó más tiros afuera.
Cuando notó que la moto se iba, corrió y encontró a su esposa agonizando
en el umbral de la puerta. Salió en su moto para buscar ayuda. Apenas había
recorrido 50 metros cuando se tropezó con un cuerpo. Se acercó y reconoció a un
anciano que vivía en la misma vereda. Al parecer, los desconocidos lo sacaron a la fuerza
de su casa para que les indicara donde vivía Gloria, y una vez le dispararon a
ella, también lo mataron a él.
Con respecto a lo anterior se dice:
“El fiscal no está del todo equivocado, hay un solo
asesinato de líder social confirmado en 2020”, dice Vivanco de Human Rights
“Es como una barrida para generar pánico”, dice Arturo Tovar, que ya
decidió nunca volver a su finca. No solo los mencionados en este relato han
muerto o han salido desplazados en los pocos días transcurridos de este año. Al menos
seis personas murieron asesinadas en Puerto Guzmán en las últimas tres semanas,
la mayoría en circunstancias similares. Al menos otros tres hombres, además de
Arturo, pudieron escapar de los matones que tocaron a sus
puertas y los llamaron con nombre propio. Esas motos siguen como fantasmas por
Puerto Guzmán, sin que las autoridades digan siquiera quiénes son. De momento,
nadie parece capaz de detenerlas.